

Hay trabajos que llegan a la vida como algo temporal. Un “mientras tanto”. Así
empezó la historia de Jairo Prieto hace 27 años, cuando entró por primera vez a
trabajar en un call center sin experiencia y sin imaginar que ese lugar
transformaría por completo su vida. Todo comenzó con una oportunidad. Una hoja
de vida recomendada, una entrevista y el deseo de salir adelante. Como muchos
jóvenes, Jairo veía ese trabajo como un paso momentáneo, pero poco a poco
descubrió algo más grande: un propósito de mejorar vidas.
Entre jornadas nocturnas, estudio, sacrificios y responsabilidades familiares,
empezó a construir no solo una carrera, sino también un hogar. Con el tiempo
pasó de atender llamadas a convertirse en gerente de operaciones, pero jamás
olvidó cómo se siente estar “detrás de una diadema”.
“En esta compañía no existen los jefes, existen los líderes», afirma Jairo. Para él, liderar no significa dar órdenes, sino acompañar, escuchar y entender a las personas. Saber cómo está alguien, preguntarle por su familia o reconocer un buen trabajo puede cambiar vidas. De hecho, una de las experiencias que más recuerda ocurrió apenas a los quince días de haber empezado a trabajar, cuando recibió una felicitación inesperada por una llamada atendida. Ese momento, asegura, le hizo entender que quería crecer en este sector. Su historia también está marcada por la gratitud. Gratitud hacia una empresa que, según cuenta, le permitió crecer personal y profesionalmente, sacar adelante a su familia y ver a sus hijos convertirse en profesionales.
Pero más allá de los cargos o los logros, Jairo rescata algo esencial: la humanidad.
En un mundo laboral donde muchas veces las personas son vistas solo como números, él encontró una cultura basada en el cuidado, el liderazgo cercano y el propósito de mejorar vidas. Incluso durante momentos difíciles como la pandemia, encontró en la espiritualidad y en la unión de la compañía una razón para seguir adelante.
“No tenga miedo. No tenga miedo de salir al mundo, de equivocarse y de luchar por sus sueños”. Porque su historia demuestra que los sueños sí se cumplen. Pero se cumplen trabajando, sacrificándose y haciendo incluso las cosas más ordinarias… con amor extraordinario.